Sobre finales


Viejo adagio que reza “todo lo que inicia debe terminar”

Diga usté que sí, señora!

Todo tiene un final. En este mundo no hay nada eterno, salvo quizás alguna aleación de titanio que nos sobreviva y entierre a nuestras próximas diecisiete generaciones. Pero por el momento, mis tenedores son de acero inoxidable del IKEA, así que no confío en que compitan en durabilidad con una catedral gótica. He pensado a menudo en el fin de este blog. ¿Cuándo llegará? ¿Cuando me quede sin cosas que contar? ¿Cuando haya agotado toda la música que quiera compartir con su hija la mayor, señora? ¿Cuando deje de encontrarle sentido terapéutico al hecho de ordenar las manías y las taras que arrastro? ¿Tendría sentido que conserve con 45 años los posts alumbrados dos décadas antes?

Así que he llegado a la conclusión de que esto se acabará un día. Sin más. No necesitaré reflexiones ni periodos de introspección. Supongo que me levantaré un día y veré la necesidad del…

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